Un programa vocacional de Samaritan’s Purse en la República Democrática del Congo está enseñándole a Kaswera a trenzar cabellos, al mismo tiempo que le presenta el amor de Dios.
Cuando los mechones de cabello se deslizan entre sus dedos, Kaswera se siente segura de estar ahora en una clase de Samaritan’s Purse en Bunia, República Democrática del Congo. Está aprendiendo a entrelazar el cabello de mujer en líneas ajustadas, en una peluquería rudimentaria y flanqueada por espejos.

El proyecto Refugio Seguro de Samaritan’s Purse brinda un espacio seguro en Bunia, República Democrática del Congo, para que las mujeres se relacionen unas con otras y aprendan habilidades para su subsistencia.
La sala rebosa de las conversaciones entre las compañeras de curso oriundas de la provincia de Ituri, quienes fueron desplazadas en su adolescencia cuando las milicias atacaron sus pueblos, saqueando y quemando lo que encontraban a su paso.
El desplazamiento y el miedo consiguiente se han vuelto una forma de vivir para cientos de miles de personas al este de la República Democrática del Congo, debido a que los grupos armados atacan las zonas rurales y obligan a las familias a huir de las tierras en las que han vivido durante generaciones.
Kaswera, que ahora tiene 20 años, tenía 14 cuando viajó las 40 millas (64 kilómetros) desde su pueblo hasta Bunia, la capital provincial, para establecer una nueva vida con su familia y unos pocos recursos.

Kaswera vive en Bunia desde que era una adolescente. Las habilidades que está aprendiendo la ayudarán a prosperar en la vida adulta.
“Fue la guerra lo que nos trajo aquí en el año 2018”, dijo ella. “Tres de nosotros están con nuestra hermana mayor”.
Durante seis años, ella y su hermana hicieron trabajos ocasionales para personas de la ciudad, “sacando agua, lavando vajilla” y haciendo mandados como comprar calzado, ropa y alimentos de primera necesidad para otros, de manera de tener algo para comer. A menudo, su labor estaba acompañada por las burlas de otras personas.
“Incluso ahora, los desplazados siguen siendo ridiculizados”, dijo. “Todavía se burlan de nosotros. Solamente lo resistimos porque ya estamos aquí. No es algo que podamos cambiar”.
Mirar al futuro con esperanza
Pero en la peluquería Refugio Seguro de Samaritan’s Purse, Kaswera va detrás de un sueño, forja relaciones y crece en su relación con Dios.
“Siempre quise aprender a trenzar el cabello. Eso es lo que me trajo a este lugar: progresar en la vida”.
“Aquí vivimos en libertad. Nos dicen que, sea cual sea tu tribu, somos uno y no debemos dividirnos. Eso significa que vivimos muy bien en este lugar, y en la peluquería no se ríen de nosotras”.
Kaswera sueña con la nueva vida que formará con el oficio recientemente adquirido del trenzado de cabello, habilidad que no se toma a la ligera. En la actualidad, le da un ingreso y mejores oportunidades en el futuro.
“La peluquería es simple. Si alguien viene a atenderse contigo ahora, le haces su peinado, y la persona te paga de inmediato. Con otros trabajos, no recibes tu paga en el momento. A veces, te pagan hasta dos meses después, y no me parece que sea bueno para mí. Por eso elegí la peluquería, donde puedo peinar hoy, y me pagan hoy mismo”.
Las modas comunes en los peinados la ponen en contacto con personas de todos los ámbitos sociales de las comunidades vecinas, y está entablando amistades cercanas con sus compañeras estilistas que trabajan codo a codo con ella durante horas.
Kaswera ya recibe el pago de sus clientes mientras practica en nuestra escuela local y, cuando se gradúe, seguirá haciendo crecer su clientela. Pronto, tendrá su propia peluquería.
Podrá generar sus ingresos y desarrollar su propio negocio sin tener que viajar lejos de su casa.

El cabello trenzado es un peinado común para muchos en Bunia, y las egresadas del programa Refugio Seguro sueñan con comenzar su propia empresa.
“Voy a abrir una peluquería aquí mismo”, dijo ella. “Ya no tendré que ir a ninguna otra parte de la ciudad”.
Durante la formación de Samaritan’s Purse, Kaswera dice que está disfrutando de la aceptación y el amor. Las clases enseñan a mujeres como ella acerca del amor de Dios, que a veces puede sentirse lejano con todo lo que ha sucedido en la República Democrática del Congo en los últimos años.
Kaswera recuerda aquellos días de huir cuando en su adolescencia, de instalarse en Bunia, y tratar de sobrevivir cuando “no podían encontrar suficiente comida y agua, prácticamente nada”, pero ahora solo mira hacia adelante, y lo hace con gratitud.
“La vida no era buena, pero ahora es mejor”, dijo. “Estoy muy agradecida por la labor de Samaritan’s Purse, porque ellos nos quieren y nos convocaron aquí para aprender. Ahora vamos a estar bien, porque las cosas cambiarán muy pronto. Aquí vivimos en libertad”.
Mientras Kaswera y sus compañeras de estudios desplazadas continúan aprendiendo un oficio nuevo, por favor, ora para que encuentren la esperanza eterna en el Señor Jesucristo.

Decenas de mujeres y hombres se han graduado del proyecto Refugio Seguro, donde aprendieron un oficio nuevo y también hallaron la esperanza que solo se encuentra en Jesucristo.





