Un muchacho en Santiago experimenta el poder transformador del Evangelio.
A Claudia nunca le había interesado asistir a una iglesia ni saber de Dios. No había crecido en una familia cristiana, ninguno de sus amigos ni miembros de su familia seguían a Cristo.
“Siempre combatí la idea de ir a la iglesia”, dijo ella.
Pero Claudia es capaz de hacer lo que sea para ayudar a sus tres hijos, incluso salir de su zona de confort e intentar algo por primera vez, como ir a la iglesia.

Claudia (derecha) comenzó a ir a la iglesia para ayudar a su hijo, Cristian (izquierda), fotografiado aquí con su hermanito.
“Estaba desesperada. Vine a la iglesia por mi hijo, Cristian”, dijo.
Claudia había hecho todo lo que podía por Cristian, su hijo de 11 años que tenía problemas con su ansiedad extrema. Los medicamentos que le habían prescrito los médicos no servían, y él seguía atrasándose en la escuela. “Él tenía ataques de pánico constantes y se sentía como si estuviera a punto de morir”, dijo Claudia.
Ella no sabía qué buscar ni qué esperar al asistir a la iglesia local; solamente sabía que tenía que ir por su hijo.
Un día especial
Un domingo, en la iglesia, Claudia se enteró de que habría un evento de evangelismo de Operation Christmas Child para los niños y las niñas de la comunidad. Se llevó a casa la invitación y se la mostró a Cristian, quien se entusiasmó por asistir.
La celebración alegre incluyó canciones de adoración, la presentación del Evangelio, y una caja de regalos llena de artículos para cada niño presente. Cristian se alegró al ver todos los juguetes divertidos que había en su caja, pero su artículo preferido fue El Mejor Regalo: el cuadernillo evangelístico que ilustra a todo color 11 historias bíblicas y que se entrega en todo el mundo con las cajas llenas de regalos.
Cristian quedó cautivado por las historias, especialmente, la de Jesús cuando alimentó a los 5000 (Mateo 14:13-21). Era la primera vez en su vida que leía una historia bíblica. El evento de evangelismo también fue la primera vez que escuchó el Evangelio.

Un representante de Operation Christmas Child ora con Claudia y Cristian, dándole gracias a Dios por Su obra en sus vidas.
El pastor Marco agradeció al Señor por llevar a niños como Cristian al evento. “Queríamos hablarle a la gente sobre el amor de Dios”, dijo él. “Verdaderamente, sentimos la presencia de Dios ese día”.
Cristian estaba deseoso por aprender más acerca de Dios y Su Palabra, y le preguntó a su madre si podría asistir a La Gran Aventura, nuestro programa de discipulado de 12 lecciones para los chicos que reciben las cajas de regalos.
La paz en Cristo
Salomé, miembro de la iglesia y maestra de La Gran Aventura , contó que Cristian era increíblemente triste durante las primeras lecciones. Sin embargo, a medida que transcurrían las semanas, se abrió y fue el más entusiasta de todos los niños.
“Aprendía los versículos para memorizar, hacía preguntas durante las lecciones y completaba todas las actividades de su cuaderno de ejercicios”, relató ella. “Noté el cambio en él. En cada clase se mostraba contento. Cuando abríamos la puerta de la iglesia, estaba ahí, esperando que la clase empezara”.

El pastor Marco (izquierda) intenta compartir el amor de Dios con los niños de su comunidad. A través de maestros de La Gran Aventura como Salomé (quien sostiene un libro en el centro), el poder del Evangelio cobra vida para los alumnos como Cristian.
Salomé está agradecida por la oportunidad que Dios le dio de enseñar la Biblia a Cristian y a otros niños y niñas. “Esta podría ser la única oportunidad que tengan ellos de escuchar el Evangelio. No nos tomamos a la ligera esta responsabilidad. Sabemos que el Evangelio puede cambiar sus vidas”.
Sin duda, le cambió el corazón a Cristian, quien oró para recibir a Jesucristo como su Señor y Salvador durante La Gran Aventura. “No tengo tantos problemas en mi corazón”, dijo él.
Cristian desea dirigir la adoración en la iglesia algún día. Ya ha dado un devocional durante un servicio dominical matutino, sobre Filipenses 4:6-7: “No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”.
Ahora, Cristian escucha música de adoración cuando se siente ansioso. Sus ataques de pánico han disminuido a tal punto, que ha podido reducir su medicación.
“Cuando mi hijo vino a la iglesia, encontró paz”, dijo Claudia.
En la actualidad, Claudia y su esposo van a la iglesia con Cristian. Como familia, están aprendiendo más sobre el Salvador y sobre cómo vivir en Su paz y Su gozo.






