Historia
“Que las cosas que le parten el corazón a Dios sean las que me partan el corazón.” Bob Pierce escribió esas famosas palabras en su Biblia después de haber estado con los niños indigentes de la isla de Geoje, Corea del Sur. Esta oración apasionada fue la que lo guió a fundar y dirigir el ministerio de la Bolsa Samaritana en 1970. La misión que él tuvo para esta organización fue: «Atender a las necesidades urgentes de las zonas en crisis en colaboración con las organizaciones evangélicas misioneras e iglesias locales». Después de la Segunda Guerra Mundial, Bob Pierce viajó por toda Asia como evangelista y reportero de Youth For Christ (Juventud para Cristo). Durante un recorrido que hizo por varias universidades de China, dictando conferencias, conoció a unas mujeres muy valerosas que vivían entre los leprosos y los huérfanos, y que habían dejado todo para llevarles el amor de Jesucristo. Por medio del amor tan desinteresado de esas mujeres Dios dio a Pierce un propósito para el ministerio. Entonces se dedicó a buscar y apoyar a otros cristianos, como esas mujeres, que ministraban a los pobres e indigentes en los rincones del mundo.En el verano de 1973 Bob Pierce conoció a quien sería su sucesor: un joven estudiante aventurero llamado Franklin Graham, quien tenía mucho interés en las misiones mundiales. Franklin quedó fascinado con las muchas cosas del campo misionero que contaba Pierce, entonces empezó a pasar más tiempo con el experimentado estadista cristiano. En 1975, Franklin acompañó a Bob en una gira por algunos de los campos misioneros más necesitados. Fue una gira que transformó su vida. Él pudo ver la pobreza de las religiones paganas y la condición desesperada de las personas que son esclavas de estas. Fue, entonces, cuando Dios le volvió el corazón hacia las misiones.Bob Pierce murió de leucemia en 1978. Poco más de un año después, Franklin Graham pasó a ser el director general y presidente de la Junta de la Bolsa Samaritana. Durante más de 30 años de terremotos, huracanes, guerras y hambrunas por todo el mundo, Franklin ha dirigido el ministerio siguiendo el ejemplo bíblico del buen samaritano. Dios ha bendecido a esta organización desde que ha estado bajo la dirección de Franklin. El ministerio ha tenido un crecimiento explosivo.“Pues ve y haz tú lo mismo”: fue lo que Cristo dijo después de relatar la parábola del buen samaritano en Lucas 10. Y eso es lo que hacemos. La Bolsa Samaritana anda por los caminos del mundo buscando a los que han sido víctimas. Procuramos curar las heridas que vemos, pero, al igual que el samaritano, no terminamos ahí. Además de atender a las necesidades urgentes, ayudamos a esas personas a recuperarse y a valerse por sí mismas.Sin importar a dónde vayamos o lo que hagamos, ofrecemos más que ayuda. Ofrecemos también esperanza. A muchos que sufren en este mundo quebrantado, les llevamos la buena nueva del Único que puede darles paz verdadera: Jesucristo, el Príncipe de paz.

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