Un proyecto de reconstrucción de Samaritan’s Purse en Luisiana ayuda a los Johnson a volver…. A casa otra vez

Ma última vez que Linton Johnson, 84, caminó en su vieja casa en Adams St, alumbraba con una linterna grande en cada cuarto y esquina, para así recordarla. Se acordaba de la historia de la casa en un acento distinto, uno formado por décadas entre los pueblos Cajún y Creole de los pueblos costeros de Luisiana.

"Pasamos muchos buenos momentos juntos y mucho empezó justo aquí. En esta cocina. En este hogar. En esta calle”.Linton Johnson Jr.

"Traje a mi esposa a esta casa la noche de bodas. Nos sentamos justo aquí. Tengo una foto en algún lado”, dijo, señalando donde había estado el sofá. “Todavía la extraño todos los días”.

Su hijo, también llamado Linton, llegó con él a la casa ese mismo día en la primavera de 2021. Sería su última vez en verla de pie.

"Es agridulce”, dijo Linton Junior. Aquí es donde había crecido y donde su padre creció también. Su abuelo, un mediero, había construido esa casa después de vender las últimas 30 pacas de algodón que haría crecer. “Hay muchos recuerdos en esta casa. Muchos recuerdos”.

Tristemente, ahora, al ir pensando, caminaban por una casa vacía y silenciosa por primera vez después de siete décadas. Las tormentas una tras la otra, los huracanes Laura, luego Delta del otoño de 2020, destruyeron la ciudad. Las tormentas obligaron al Linton papá a dejar su hogar de una vez por todas.

Padre e hijo se ayudaron para recordar los detalles de tantos años. Durante décadas tuvieron huertos de nueces pecanas y peras y dátiles justo en el patio rasero.

El padre del Linton mayor siempre tuvo un jardín con hilera tras hilera de quimbombó y otras cosechas. En el frente, dijo Linton Junior, había veranos de fútbol callejero que se jugaba descalzo, entre los postes de luz sobre el rocoso suelo.

"Nuestros zapatos eran para la escuela y la iglesia”, dijo. “Por eso jugábamos descalzos”.

También contó sobre la torre de la iglesia cercana que se dañó en octubre 2020 por el huracán Laura y que se tuvo que demoler con todo y campana. Al ir creciendo, contó, un tío sonaba la campana, día o noche, cuando alguien moría.

"A veces sonaba a las dos o tres de la madrugada”, se acordó Junior. “Después de eso ya no podía dormir”.

Y, por supuesto, padre e hijo, buenos cocineros, recordaron la comida.

Se detuvieron al llegar a la cocina, como esperando algo, quizá el aroma cálido de tartas recién horneadas o del pollo rumbo a la freidora o el olor saborizante de la receta especial de Linton mayor de quimbombó, cocinado lentamente durante horas con puerco y una mezcla secreta de condimentos.

"Aquí es donde pasaba la vida. Esta cocina”, dijo Junior. “Tanta buena comida. Mi mamá y mi abuela no dormían durante la Navidad porque pasaban toda la noche preparando un banquete. Todos nuestros primos y amigos venían a la casa. Habría entre 20 y 30 personas entrando y saliendo. En las fiestas, muchos más. Llega familia de todos lados. Tuvimos muy buenos momentos, y mucho empezó justo aquí. En esta cocina. En este hogar. En esta calle”.

El huracán

El huracán Laura fue el huracán más poderoso en tocar Luisiana desde 1856.

Cuando las órdenes de evacuación por el huracán Laura llegaron, los Johnson cerraron sus casas y posesiones valiosas lo mejor que pudieron. Incluso tuvieran una última cena en la casa antes de empacar e ir a Houston.

Entonces el huracán entró con fuerza. Durante casi dos días, en agosto 2020, la tormenta de categoría 4 destruyó barrios y negocios. Dejó el centro en pedazos.

El edificio más alto de la ciudad, visto desde el lago en L’Auberge y los casinos Golden Nugget, es un rascacielos con espejos de vidrio pixelados con triplay, pero los vientos y la presión de Laura rompió cientos de ventanas.

El huracán Laura fue el huracán más poderoso en tocar Luisiana desde 1856.

Cuando los Johnson regresaron, su hermosa ciudad estaba en ruinas. Al ver las hileras de casas destruidas y desaparecidas, su corazón se encogió.

A horas del paso del huracán, las unidades de ayuda de Samaritan’s Purse empezaron a llegar de nuestro centro de ministerio cerca de Dallas, Texas. Parecía que no había lugar en la ciudad donde no hubiera escombros bloqueando las calles mientras nuestro convoy se dirigía a la iglesia bautista de Sale Street.

Desde agosto 2020 a febrero 2021 nuestros equipos de voluntarios trabajaron en la ciudad, sirviendo a los propietarios en el nombre de Jesús. Repararon techos dañados, cortaron árboles derribados, removieron escombros y posesiones atrapadas en el agua.

En medio de nuestro trabajo, la ciudad nuevamente fue golpeada por el menor huracán, Delta, con vientos más lentos, pero más lluvia, que inundó la cansada ciudad. Unas semanas más tarde, los residentes tuvieron que sobrevivir una tormenta de nieve.

"“Los escombros estaban tan altos que no podías ver más allá de una calle”: Linton Jr.

Después de las tormentas, Linton Johnson fue uno de los 950 propietarios que ayudamos en la fase de ayuda en nuestra respuesta por el huracán doble.

Su casa había visto muchos huracanes, como el primero, Audrey en 1957. Luego vino Rita en 2005, un mes después que Katrina destruyó New Orleans. Rita derribó los árboles y de hecho los mató. El ciclón también se llevó parte del techo.

Pero Laura fue el siguiente huracán fuerte. Linton pensó que volvería a su casa como siempre. Arreglaría unas paredes. Remplazaría algunas ventanas.

No se dio cuenta que tendría que despedirse de su hogar. Aún estaba de pie, pero Laura lo había hecho inhabitable, al sacudir y mover la estructura sobre sus cimientos. Debía abandonar la casa y mudarse con su hijo y su familia.

El último recorrido de la estructura fue lo último que vieron.

"Aunque sé que era algo bueno, no quería verla demoler”, dijo Junior. Él y su padre no asistirían a la demolición. “Sería demasiado difícil para nosotros”.

A medio día del día siguiente, casi toda la casa había sido demolida. En la tarde, solo había tierra donde el hogar había estado durante generaciones.

Reconstruyendo esperanza

Después de semanas después de la demolición, la tristeza de perder su casa original dio paso a la esperanza de un nuevo comienzo.

Con los cimientos echados y la estructura en su lugar en el verano de 2021, lo que surgía de la tierra dio a la familia más esperanza cada vez que pasaban por ahí.

Incluso en las primeras etapas, podían ver que el nuevo hogar sería muy parecido al anterior, solo con muchos más refuerzos para futuros huracanes, como montantes de 2 por 6, y toda la estructura anclada con acero al piso de concreto.

Pronto, el esqueleto de la casa empezó a tomar forma con un techo, subsuelo, plomería y calefacción todo completado por contratistas locales especialmente seleccionados.

La familia y sus amigos empezaron a visitar Adams St un poco más.

El padre que solía titubear y su hijo empezaron a pensar en lo que su nuevo hogar significaría para su familia.

"¡Oh, cielos! ¡Esto es lindo!” dijo Kenneth Hancheet, uno de los sobrinos del padre. “Es construcción nueva a prueba de huracanes”.

Kenneth comparó los planos con los cuartos mientras caminaba por la casa de Linton (a quien afectuosamente todos en la familia llaman tío Peewee) con el diseño. Señaló dónde estarían los cuartos, el comedor y, por supuesto, la cocina.

Estaría en un lugar opuesto

"Sí, señor. Podremos hacer algo de comida aquí”, dijo el padre. “Puedo cocinar algo de quimbombó. Puedo cocinar quimbombó, hijo. Mmm mmmm”.

Su sobrino asintió, doblando los planos.

"Es famoso por su quimbombó”, dijo el sobrino.

En las siguientes semanas, nuestros equipos de voluntarios llegaron de todo el país. Instalaron los electrodomésticos, colgaron paneles de yeso, gabinetes y mesadas; colocaron molduras y pintaron las paredes.

"Fue maravilloso para mí. Cuánto les interesamos. No estaban aquí solo por el trabajo. Estaban aquí como representantes de Dios”. Linton Jr.

Aún más importante fue el amor demostrado por los voluntarios en medio de su duro trabajo y cuando la familia llegaba de visita. Los Johnson son miembros de largo tiempo de una iglesia local viva y se emocionaban de ver tantos cristianos de otras ciudades dispuestos a tomar de su tiempo y servir en una ciudad en ruinas de Lake Charles.

"No se iban sin animarnos, orar por nosotros y darnos un abrazo”, dijo Linton Jr. “Eso fue lo que me asombró. Cómo les importábamos. No solo venían a hacer un trabajo. Estaban aquí como representantes de Dios”.

Totalmente pagada

Through the Samaritan's Purse rebuild project in Lake Charles, God began to write a new chapter for this close-knit family. Finally the new home was ready.

El día que presentamos a Linton papá con las llaves de su nueva casa, docenas de amigos y familiares vinieron para celebrar junto a nuestro personal y voluntarios.

No solo fue una ceremonia de bienvenida para esta familia en su nuevo hogar. Fue el primer día de reconstruir su nuevo hogar para el papá Linton y nuevas generaciones del legado de un mediero de Church Point, Luisiana, que llevó a su familia a Lake Charles en 1957 en busca de una mejor vida.

La dedicación de su nuevo hogar también fue una oportunidad de expresar otra vez porqué Samaritan’s Purse reconstruye: para comunicar el amor de Dios a través del Evangelio del Señor Jesucristo.

Jordan Tiff, uno de nuestros encargados de construcción, leyó una lista de materiales y artículos utilizados en la construcción del nuevo hogar. Luego mostró el recibo a Linton y el sello de Totalmente pagada en rojo.

"Aquí hay un simbolismo. Jesús pagó por todos nuestros pecados. Pagó por nuestra salvación. Solo nos resta recibirla”, dijo Jordan. “Ahora que alguien te diga: ‘Oye, Linton. Cuéntame de esta casa’. Puedes mostrarles este recibo y contarles del significado de ese sello rojo”.

El papá Linton le contó a todos cuánto significa para él tener una nueva casa en la misma tierra que su padre compró décadas atrás. El hombre de 84 años estaba abrumado por el trabajo constante y el amor genuino de los voluntarios.

"Es una bendición, chico”, dijo Linton. “He conocido a tantas personas. California, Washington D.C. Venía aquí cada día y conocía a alguien diferente. Y cada vez que me despedía, alguien quería orar conmigo. Ha sido tanta bendición”.

Justin Riddle, otro de nuestros capataces, presentó a Linton las llaves de su nueva casa.

"He aprendido mucho de usted desde que empecé a trabajar aquí”, dijo Justin. “Una cosa que he aprendido es que usted puede cocinar. Todos con los que platico en esta calle o vivían aquí cuentan que Linton sabe cocinar”.

"Eres una persona generosa que comparte lo que tiene. Al darle estas llaves, oro para que comparta de Jesús con las personas que crucen esta puerta. Y así como solo hay una llave para esta casa, solo hay una llave para la vida eterna. Y ese es Jesús. Aquí tiene sus llaves”.

El grupo se reunió alrededor de la casa, oró por la propiedad y con eso, Linton, de pie, abrió la puerta y los dejó pasara a su nueva casa con el principio de su himno favorito. El pastor de la familia bendijo la casa, expresando la esperanza que pronto habría el famoso quimbombó cocinando en la estufa y pollo friéndose en el patio.

Adentro, el pastor de los Linton, el reverendo Elmore Garner, pastor de Mount Calvary Baptist Church, dio palabras de ánimo y bendición.

"“Había oído de Samaritan’s Purse, pero ahora los he visto en acción y veo el trabajo generoso que han hecho aquí”, dijo. “Solo ver alrededor de la propiedad puedo ver el trabajo arduo y su labor, así como su amor”.

"Sé lo que Linton tenía aquí. He comido mucho aquí. Conozco sus talentos culinarios. He comido aquí por 30 años. Cuando giré por la esquina hoy y vi su nueva casa dije: ¡Guau! Es un lugar hermoso y verlo con esta clase de bendición nos bendice a todos”.

"Espero que pronto esté cocinando quimbombó aquí. Linton es conocido por muchas cosas aquí, pero una de las más importantes es su quimbombó”.

El padre y el hijo debieron interpretar esto como una invitación. Al día siguiente desempacaron las ollas y se preparó la freidora para el pollo.

"Así se prepara el quimbombó”, dijo Linton, poniendo el puerco, pimientos y tomates en la olla. “Esto se cocina por varias horas y es tan bueno que te dan ganas de golpear a alguien”.

Lo dijo con una enorme carcajada, como hacía en su antiguo hogar, con familia alrededor y el aroma de la comida llenando cada habitación.

Nuevamente lo estaban creando, por primera vez. Hicieron llamadas, mandaron textos e invitaron familia, amigos y miembros de la iglesia. Padre e hijo pasaron la primera noche cocinando un banquete para gente importante.

El pollo pronto estaría listo. El arroz ya casi lo estaba. Una docena de personas venían en camino.

Y por su puesto, el plato principal de Linton, casi llegaba a la perfección: su famoso quimbombó que no se había cocinado ahí desde un año atrás.

"Sí, hombre”, dijo riendo. “Te dan ganas de golpear a alguien”.

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