Una paciente que se recuperó del ébola en la República Democrática del Congo comparte su historia sobre la sanidad de Dios en el centro de tratamiento de Samaritan's Purse.
Cuando Nadine comenzó a sentirse enferma, temió lo peor. Había visto lo que hace el ébola, y ver morir a alguien con la enfermedad fue un dolor «imposible de soportar».

Nadine llegó a nuestro centro de tratamiento en Bunia con fiebre, dolores de cabeza y todos los otros síntomas del comienzo de la enfermedad del ébola.
La trajeron a la clínica de Samaritan's Purse en Bunia al inicio de su enfermedad, lo cual fue bueno. Pronto su fiebre se disparó, no podía comer, se sentía débil y exhausta. Nuestro equipo médico estuvo a su lado para ayudarla.
Los médicos y las enfermeras le administraron tratamiento y líquidos por vía intravenosa para ayudar a que sus signos vitales se mantuvieran fuera de la zona de peligro. También la animaron con sus palabras mientras ella atravesaba lo peor de la enfermedad.
«El doctor se ocupaba personalmente de mi vía intravenosa. ¿Qué hospital haría eso?», preguntó asombrada y agradecida.
Desde junio hemos tratado a más de 500 pacientes como Nadine en nuestro centro de tratamiento del ébola en Bunia, la capital de la provincia de Ituri, y en un hospital asociado a la misión desde hace mucho tiempo en Nyankunde. Hay miles de casos confirmados de la enfermedad en la región.
«Las enfermeras me bañaban, luego me cargaban, me acostaban y me tapaban. Atravesamos la debilidad y el cansancio extremo, pero Samaritan's Purse caminó de la mano con nosotros y no descuidó a un solo paciente», relató Nadine.
Durante 15 días, yació en la habitación del centro de tratamiento, a veces, inconsciente de qué estaba pasando; otras veces preguntándose si saldría viva de allí. En el pico de su enfermedad, llegó a preguntarse si la contarían entre los que no lograron sobrevivir.

Los médicos y las enfermeras cuidaron a Nadine día y noche.
Las enfermeras iban y la animaban a que «comiera un poquito». Los pastores oraban con ella desde afuera de la zona de alto riesgo. Los capellanes la aconsejaban desde cierta distancia.
«Había muchísimos pastores. Demasiados para contarlos», dijo ella. «No faltó ni uno solo. Las 24 horas del día, los pastores estaban presentes. Incluso en la noche, los pastores estaban allí».
Muchas personas de su pueblo, Kiwangwa, tardaron en recibir atención médica cuando comenzaron los síntomas. Ella sabía que, de haber esperado más tiempo para buscar tratamiento, como habían hecho muchos habitantes de su pueblo, probablemente también hubiera perdido la vida.
«A la noche», contó sobre su estancia hospitalaria, «escuchaba cuando se llevaban a alguien que había muerto». Padres responsables y niños huérfanos estaban entre las personas que perdieron.
Dijo que todavía llora por las pérdidas que vio y de las que supo en su país.
«La ignorancia es lo que mata a la gente. La persona que se niega a aceptar que el ébola existe se demorará. Las personas se quedan en la casa demasiado tiempo», dijo. «Si vienes apenas te sientes enfermo, puedes vivir. Toda la medicación que nos revivió está aquí».
Por fin Nadine comenzó a comer otra vez, tres comidas al día, y recuerda que sintió que estaba volviendo a vivir.
El día que Nadine salió caminando del centro de tratamiento —libre del ébola—, lo hizo alabando a Dios.
«Que Dios bendiga a ese hospital. Quienquiera que entre allí, que se recupere como nos hemos recuperado nosotros, y que dé su testimonio como nosotros estamos dando testimonio», dijo ella. «Hoy es el día que el Dios del cielo nos ha permitido irnos de aquí y nos vamos a casa, a Kiwangwa. Lo primero es darle gracias a Dios, quien nos da vida y aliento. ¡A Él le devolvemos toda la gloria y el honor!».
Damos gracias a Dios por la oportunidad de cuidar en el nombre de Jesús a los pacientes que sufren, incluida Nadine, quien se ha recuperado del ébola en nuestro centro de tratamiento. Alabado sea Dios por la sanidad física y espiritual, ya que varias personas le han entregado su vida al Señor Jesucristo por medio del ministerio de nuestro personal, nuestros capellanes y pastores asociados.

Cuando Nadine dejó de presentar síntomas y fue dada de alta para irse a casa, nuestro personal se reunió para celebrar su recuperación.







